16 nov. 2009

Sensibilidad


Me parece tener una cierta y ciertamente poco explorada sensibilidad por las cosas filosóficas e históricas.


Recuerdo que la primera vez que determiné la mencionada presencia acaeció por allá del año 2004 ó 2005 durante mi etapa de estudiante universitario pleno. Como parte del plan de estudios de mi carrera, Economía, se establecía el requisito de llevar un curso de Historia y un curso de Ciencias Políticas. Yo matriculé dos de cada uno en períodos diferentes. Cursé Historia del Medio Oriente e Historia de Inglaterra, con Roberto Marín Guzmán y Nancy Worsfold (sic) respectivamente; Principios de Ciencias Políticas e Introducción al Pensamiento Político I con Rodrigo Madrigal Montealegre y Luz Marina Vanegas.


Historia de Inglaterra y Principios de Ciencias Políticas apestaron. Los contenidos del curso resultaron en extremo flojos en cuanto al curso de la cosa británica y el segundo porque el profesor ya estaba y sigue estando muy mayor, lo cual impidió un desenvolvimiento adecuado de su persona. Es poco lo que logré aprender. Algunas cuantos videos interesantes sobre Gran Bretaña. Del curso de Ciencias Políticas lamento no recordar, porque estoy seguro que algo interesante se debíó enseñar. Después de todo, el profesor fue miembro fundador de la Escuela de Ciencias Políticas del alma mater.



Historia del Medio Oriente elaboró en mi persona la sensibilidad por los problemas de la región topónima. Los datos y hechos históricos, tratados de manera magistral en la labor académica de Roberto Marín, no permiten dudas sobre la vigencia de la causa musulmana, árabe, palestina, sunita, chiita, términos todos remotamente sinónimos. No caben las dudas sobre la asimetría del conflicto palestino-israelí y la carencia de validez de la causa israelí. No caben las dudas de la honorabilidad de la religión musulmana y de la injusta confusión patrocinada por Occidente según la cual se confunde árabe con musulman con fundamentalista con extremista con terrorista, términos todos -- de nuevo -- no necesariamente sinónimos. No caben dudas de que el Islam y todo su bagaje cultural son acreedores válidos de lo que por derecho denominan su tierra. Es un cultura profundísima y riquísima y de verdad, como católico fiel, recomiendo su estudio. La apertura de la mente a maneras auténticamente diferentes de pensar y concebir la sociedad es un resultado palbable. En resumida cuenta, volvería a llevar una vez y la siguiente el mencionado curso.


De la cosa introductoria a la filosofía política recuerdo, pues, poco. Esto se explica porque en un reducido margen de 16 semanas se debió dar cobertura a más de una decena de siglos de filosofía política, tarea realizable a nivel de pregrado si bien la profundización no deviene adecuada. A diferencia de los cursos de historia, los de filosofía requieren devoción y perseverancia si se desea trascender el nivel de pincelada. Se requiere estudio, consulta amplia de hipertextos, investigación, conclusiones y repetición del ciclo. En temas de filosofía, para alcanzar el nivel básico se requiere profundización y tiempo. Esta es mi percepción, y como la profundización y la paciencia nunca fueron virtudes que ejerciera en mi época de universitario, muy a mi pesar, de allí que mi nivel de conocimiento de la cosa filosófica es probablemente el mismo que al incio de dicho curso hace ya varios años.


Ciertamente no considero tener un nivel que valiera la pena denominar aceptable dada mi experiencia estudiantil. Desafortunadamente, habría requerido perseverancia y paciencia y estas no han sido nunca mis mejores virtudes. Humildad también me hizo falta, para reconocer que habrían valido los esfuerzos por trasnochar unas cuantas noches adicionales y haber así desatado esa sensibilidad por la cosa filosófica e histórica que sé que allí tengo, sólo que adormilada. O de cómo a través de estas breves notas me doy cuenta lo mucho que me hace falta para un verdadero despertar.

6 nov. 2009

Guilty pleasures

La locura de los cierres fiscales -- sean mensuales, trimestrales o anuales -- si bien me ponen muy estresado, a la vez me permiten liberar bastante adrenalina, que mucho me hace falta. En este sentido, como analista financiero-contable, he de confesar que los cierres es lo que más disfruto de mi trabajo actual.


Esto es mucho decir. Estoy hablando que es el primer rubro de mi actividad profesional que logro identificar como placentero. Aunque pensándolo bien, a lo mejor "placentero" no es el adjetivo más adecuado, pero sí le calza al asunto. Dicho de otro modo: si me preguntan qué es lo que más me gusta de mi trabajo, o bien, si hay algo de mi trabajo que hago con gusto y motivación, debería decir que son los cierres.


"Call me crazy", pero así es. Hay personas que con gusto y motivación diseccionan cadáveres para determinar la causa de muerte. Los contadores hacemos lo mismo, pero con estados financieros. No lo hacemos porque sentimos placer en ver al muerto, sino porque nos motiva saber qué ocurrió, por qué, cuándo, a causa de quién. A partir de esto, determinamos las acciones correctivas y contribuimos al desempeño saludable y favorable de nuestros patronos y clientes.


Un poco "ñoño", ¿no? A lo mejor. El punto es: hay algo de todo lo que yo hago que verdaderamente disfruto. En la profesión de las Finanzas, estamos hablando de algo bien difícil.

1 nov. 2009

De disfraces necrofílicos

Halloween me parece "underrated", que en español viene siendo como subvalorado.

En las latitudes iberoamericanas hay, a vista de pájaro, dos bandos: los que están en contra y los que están a favor. Verán, en Iberoamérica -- me gusta el término Iberoamérica, le da un aire alternativo y además yo no hablo latín, aunque quisiera -- somos simples. Normalmente hay dos caras de la moneda. Aquí no podemos hablar de medias tintas. La gente normalmente está de acuerdo o en desacuerdo sobre algo. Se defienden con pasión los bandos: River vs. Boca, Zelayistas vs. Michelettistas, Bolivarianos vs. Neoliberales, Chávez, Evo, Correa y Ortega vs. el resto, El León vs. El Monstruo. Salvo en Costa Rica, donde como leyera en determinado twitt de reciente memoria, no sucede nada desde el Big Bang, o lo que viene siendo lo mismo, país donde el residente nacional, el tico -- especie única --, se ha acostumbrado a carecer de posturas definidas en torno a un determinado asunto y nos declaramos "o.k." y en estado "tuanis" ante todo, siendo en estos casos de sentar cabeza sobre una opinión, el hecho de carecerla. En resumen, y por las razones lamentablemente equivocadas, en Costa Rica no hay dos caras de la moneda, porque normalmente ni moneda hay. Salvo en pequeños acontecimientos que sólo por insistencia permanecen en el imaginario colectivo, como el halloween.

Resulta y sucede -- como decimos en La Liga -- que en Costa Rica el halloween despierta posturas porque se trata de celebrar -- o estar en contra de -- la costumbre mayoritariamente importada desde EE.UU. según la cual las personas se disfrazan de algún personaje chistoso -- o no tanto -- y asisten a alguna fiesta. La fiesta, como todas, transcurre como siempre. Algo de tomar, algo de comer, y pues eso. Pero lo que despierta la postura es esa parte, no se si se fijaron, donde dije que se visten de personajes no tan chistosos. Es decir, donde la gente se viste de bruja, zombi, cadáver, momia, vampiro chupasangre, y creen que 1) es divertido 2) se ve súper bien 3) básicamente las dos anteriores.

Yo no sé ustedes, pero a mí  más allá de darme miedo o despertarme alguna pasión, los trajes de bicharrejos rarosos me dan asco. No en el sentido epistemológico, sino en el gutural-gástrico. Sí, me dan unas sencillas y honestas ganas de vomitar un tantito no más. Desde que empezó el S. XX, y con él el relativismo, y se empezó a ver como normal y "tuanis" lo que por varios milenios no lo fue, resulta que ahora vestirse de cadáver es un vacilón. Para mí, no tanto.

En mi facebook, lamentablemente, ahora me llegan muchas más notificaciones de etiquetas de personas que aparecen en el álbum de a saber tú chico. Me llegaron, naturalmente, notificaciones de 'n' fiestas de halloween, una marcha zombi, y otras. Yo, que acababa de almorzar, tuve que hacer un esfuerzo para tragar de regreso mis alimentos de reciente ingesta cuando vi el de la marcha zombi -- díganme ustedes, quién me tiene --. Es que, se los aseguro, me da asco. A lo mejor se los podría decir con un eufemismo, pero mis disculpas: me dio mucho asco. Así de sencillo y de plano.

La gente, a saber por qué -- bueno, creo que desde que empezó el S. XX estas cosas se valen y son vistas como normales -- halló divertido vestirse de tales. Como que se reunieron en algún lugar y se fueron caminando para otro, donde estaba la fiesta. La normal, con algo de tomar y comer. Sólo que vestidos de, ustedes saben, esos bicharrejos que me dan como un asquillo.

Y no me considero sólo en mi óptica en torno a la mencionada festividad del 31 de octubre.. Yo me considero, en esta situación, del lado del bando de los que están en contra de la festividad popular descendiente del samhain. Porque además de que me da como cierto asquillo, la verdad es que yo opinio que con eso no se juega. El vestirse de cadáveres, zombis, y bicharrejos y que pase por alto después es algo defendido por los que están a favor, y les gusta tanto defenderse, que se organizan. En lo personal, y me disculparán, prefiero no jugar con ese tipo de inclinaciones de vestuario. Por que lo que yo pienso es, si el imaginario popular habla de una fiesta para celebrarle a los espíritus danzarines su día, ¿no creen que los mismos aprovecharían para hacer también su fiesta? ¿O es simplemente una excusa para hacer una fiesta de disfraces y manifestar al mundo una inclinación necrofílica? Yo prefiero cuidarme y mantenerme por aparte. Del halloween, gracias, pero paso.

Bienvenidos

Es práctica habitual inaugurar un espacio de internet con una bienvenida. Así que: bienvenidos.