17/4/2010

Sobre la mina Crucitas

En mi opinión el reciente voto de la Sala Constitucional con respecto a la situación del proyecto minero "Crucitas" expone ciertas aristas que merecen ser analizadas por separado. Me gusta mucho que este tema ponga a los ciudadanos en una situación incómoda: la de la carencia de un "absoluto" con el cual matricularse.

Está la materia ambiental, la materia legal, la materia de la opinión pública, la cosa política, y cada una observa desde una óptica diferente el proyecto minero conduciendo a posturas encontradas, como queriendo decir que a la vez se vale y no se vale lo que Crucitas quiere hacer. Así lo veo yo:

Por lo constitucional. No soy abogado pero creo que puedo elaborar alguillo que a lo mejor puede contener algunas equivocaciones técnicas. Pues bien, cuando se presenta un recurso de amparo, el propósito de la acción es obtener de parte de los magistrados constitucionales un criterio constitucional, que indique si aquello que se recusa es objetable o no desde el punto de vista de esa rama de las Leyes.

Para la opinión pública, la Sala IV costarricense se ha convertido en un órgano cuasi-legislativo y se ha perdido de vista el propósito legítimo o bien original. Si la Sala IV vota un recurso de amparo en una u otra dirección, se toma dicho voto como una nueva ley de amplio espectro, y se deja de lado que estos votos son específicos del recurso presentado en lo que comporta su trasfondo constitucional. Un abogado con mayor habilidad puede presentar un nuevo recurso del mismo tema y a lo mejor ese nuevo recurso puede resultar en un voto que, por el fondo, podría interpretarse que se opone al recurso original.

Con esto quiero decir que ante el voto de la Sala IV sobre la mina de oro en San Carlos, sólo queda decir que esto es sólo un peldaño del pleito legal que los opositores de la mina están dando. Deben esperar al voto completo, desarmarlo y a partir de ahí seguir la cuestion. Por el momento, los magistrados no han encontrado desde el punto de vista constitucional -- lo cual es su trabajo -- objeciones al proyecto minero; para ellos puede hacerse. Sin embargo, un voto de la Sala IV no es, contrario a lo que se piensa, una "última palabra" ante la cual no hay nada que hacer.

Por lo político. Nuestro Presidente saliente incurre en una aparente incoherencia. Supuestamente es defensor de los propósitos ecologistas de la nación, sin embargo está a favor de la minería de cielo abierto. Personalmente no entiendo ese raro raciocinio, pero observo a partir de los hechos que para OAS la preservación ambiental es una prioridad de segundo orden.

Para él, no se puede anteponer la preservación ambiental a la generación de empleos en aquella zona tan alejada del Valle Central. En cierta medida estoy de acuerdo con el Presidente: desde San José -- en mi caso Alajuela -- desconocemos la realidad socioeconómica de los pobladores, sin embargo nos metemos a opinar cómo debería determinarse su salida de la pobreza, ¡típico! El Presidente, como debe pensar en todos, toma una decisión simple: se abre una oportunidad de generar empleos, ¿por qué no aprovecharla?

Otro punto al que debemos tenerle cuidado es la conveniente idea que defiende el Presidente del "debido respeto" a la Corte Suprema de Justicia. En una democracia, todo ciudadano tiene derecho de expresar sus opiniones y de cuestionar las opiniones de los otros. Siguiendo la lógica presidencial, los criterios emanados del Poder Judicial son absolutos. Me disculpará OAS: se equivoca.

Un tercer punto político es la inminencia de Laura, Presidenta. A como lo entendí yo en campaña, públicamente se comprometió a someter este proyecto a una revisión tal que terminará agotando la paciencia de los inversionistas, para quienes después de todo los menos de US$300 millones que pretenden ganar no debería ser tanto dinero. 

Aunque no veo a Laura asumiendo una posición de prohibición ejecutiva de la mina, tiene la debida responsabilidad política de hacer lo que esté a su alcance para detener la mina, algo con lo que se comprometió y que debería facilitársele estando sentada en la silla de Zapote. Lo cual es parecido a decir: lo que diga OAS a estas alturas ya no tiene mucho sentido.

Por lo ambiental. Poco tengo que decir. Considero una incoherencia que seamos un país reputadamente ecologista... que a la vez favorezca la minería a cielo abierto. Desafortunadamente, me da la impresión de que en términos de legislación estamos un poco flojos; la legislación no ayuda mucho a resolver esa incoherencia. Si contáramos con legislación suficientemente restrictiva y fuerte, a lo mejor esto de Crucitas no se hubiera dado, ni la Sala IV hubiera votado de la manera en que lo hizo, ni el AyA le daría largas al tema de los acueductos de aguas negras.

Opinión pública. Nos cuesta mucho hacer análisis diferenciado y tomamos todo como absolutos. Tomamos un voto constitucional como una manifestación pública de opinión de los magistrados cuando no es así. Tomamos los argumentos de los ecologistas a ultranza como absolutamente verdaderos cuando a lo mejor, tampoco es así. Creemos que la nueva Presidenta debería brincarse todos los debidos procesos y prohibir la mina inmediatamente cuando tampoco va a ser así. Creemos que un voto constitucional es una "última palabra" in-criticable y no es así.

Las cosas funcionan como funcionan y el principal asidero debería ser el Estado de Derecho. Utilícense los instrumentos a mano para defender las causas de los bandos involucrados. Pueden seguirse nuevos procesos legales que frenen la mina; puede hacerse un mejor manejo de información pública para convencer que la mina es buena o mala. Puede mejorarse el nivel racional de los ciudadanos de manera que estos entiendan que a veces las cosas se oponen a sí mismas y que dependemos de numerosos lentes para poder observar el conjunto de las situaciones.

6/1/2010

Irracionalidad racional aplicada al terrorismo

Por favor revisar este vínculo. El autor pelotea un tema interesante acerca de la irracionalidad racional, o de cómo el ciudadano común prefiere creer en aquellas creencias que le faciliten su existencia, aunque que dichas creencias sean irracionales.


Lo anterior lo aplica el autor al tema de la lucha contra el terrorismo. Los americanos prefieren creer que el sistema de seguridad en el territorio nacional y lucha contra el terrorismo funciona. Pero lo cierto es que esto no es verdad. Obama tendría dos opciones: a) decirle al público que el sistema funciona, i.e. esconderle el hecho de que no funciona para sostenerle al público su irracionalidad racional y no tener pérdida política, y saliéndose por la tangente modificando a poquitos las políticas de seguridad para que funcionen... en serio; b) decirle al público abiertamente que el sistema no funciona bien y que lo va a modificar.


Supongo que la generalidad de asesores se decantarían por la opción a). Pero Obama parece que se inclina por la b).

4/1/2010

Sobre el inconveniente derecho al berreo

Don Pepe nos dejó muchos legados muy buenos, pero nos dejó uno de los peores: el Derecho al Berreo.

Existe en nuestro país una confusión amplísima y profunda entorno al derecho de la libre expresión de ideas y las garantías individuales y sociales por un lado, y el derecho al berreo o queja por el otro. De manera tal que hemos convertido nuestras quejas en reclamos por derechos inmerecidos o inexistentes.

En virtud de nuestro derecho a la queja, nos quejamos de tener la primera autopista de clase mundial. Confundimos el derecho a la libertad de tránsito con otro inexistente derecho de viajar gratis por autopistas de peaje. Reclamamos muchísimo y por muchos años de la carencia de una autopista que comunicara nuestro principal puerto en el Pacífico con la ciudad capital. Pero en Tiquicia, el derecho al berreo concede además el espacio para reclamar circulación gratis por la autovía mencionada una vez que esta finalmente se construyó, ya que en este país el ciudadano de a pie se cree con derecho a todo.

En virtud de nuestro derecho al berreo, conquistamos el derecho al voto, a tener representantes electos popularmente, quienes con miles de horas de trabajo lograron ponerse de acuerdo para instituir la figura de la Defensoría de los Habitantes. Sin embargo, ese mismo derecho al berreo nos permite trascender la simple expresión de nuestros criterios en verdaderos reclamos de derechos inexistentes. Por ejemplo, el derecho de que 'el pueblo' mismo debería ser el elector del defensor de los habitantes, invalidando de paso la potestad investida por el mencionado 'pueblo' sobre los legisladores para que estos se pongan de acuerdo y elijan el ocupante que consideren mejor. Mención aparte para la amplia y profunda confusión que impera sobre las verdaderas potestades del órgano legislativo.

En virtud de nuestro derecho al berreo, trascendió hasta las más altas esferas de los tomadores de decisiones económicas la necesidad de flexibilizar el tipo de cambio, lo cual se dio. No sin antes prever que, al término de los meses subsecuentes, el mismo derecho reclamón empezó a manifestar que la divisa flotaba 'mucho' y en la dirección contraria.

Producto de la mala costumbre de reclamar por todo, hemos construido un andamio social que ha hecho del Estado costarricense un pesado mamut a cargo de tareas desde las más nobles hasta las más ínfimas, desde las más sencillas hasta las más complicadas. Porque ese mismo derecho ha transformado nuestro pensamiento al punto de hacernos creer que necesitamos de un Estado fuerte y protagónico que más que orientar nuestra vida en sociedad, interfiera directamente en ella. Y después reclamamos por eso.

Hago un llamado en este Año Nuevo a que cesemos nuestros reclamos y nos pongamos a trabajar en serio. Dejemos de pensar que tenemos derecho a todo, que estamos facultados para ganarnos todas las cosas que queramos sólo porque somos ciudadanos de esta linda tierra. Por favor, dejemos de reclamar y trabajemos para construir una sociedad verdaderamente justa.

16/11/2009

Sensibilidad


Me parece tener una cierta y ciertamente poco explorada sensibilidad por las cosas filosóficas e históricas.


Recuerdo que la primera vez que determiné la mencionada presencia acaeció por allá del año 2004 ó 2005 durante mi etapa de estudiante universitario pleno. Como parte del plan de estudios de mi carrera, Economía, se establecía el requisito de llevar un curso de Historia y un curso de Ciencias Políticas. Yo matriculé dos de cada uno en períodos diferentes. Cursé Historia del Medio Oriente e Historia de Inglaterra, con Roberto Marín Guzmán y Nancy Worsfold (sic) respectivamente; Principios de Ciencias Políticas e Introducción al Pensamiento Político I con Rodrigo Madrigal Montealegre y Luz Marina Vanegas.


Historia de Inglaterra y Principios de Ciencias Políticas apestaron. Los contenidos del curso resultaron en extremo flojos en cuanto al curso de la cosa británica y el segundo porque el profesor ya estaba y sigue estando muy mayor, lo cual impidió un desenvolvimiento adecuado de su persona. Es poco lo que logré aprender. Algunas cuantos videos interesantes sobre Gran Bretaña. Del curso de Ciencias Políticas lamento no recordar, porque estoy seguro que algo interesante se debíó enseñar. Después de todo, el profesor fue miembro fundador de la Escuela de Ciencias Políticas del alma mater.



Historia del Medio Oriente elaboró en mi persona la sensibilidad por los problemas de la región topónima. Los datos y hechos históricos, tratados de manera magistral en la labor académica de Roberto Marín, no permiten dudas sobre la vigencia de la causa musulmana, árabe, palestina, sunita, chiita, términos todos remotamente sinónimos. No caben las dudas sobre la asimetría del conflicto palestino-israelí y la carencia de validez de la causa israelí. No caben las dudas de la honorabilidad de la religión musulmana y de la injusta confusión patrocinada por Occidente según la cual se confunde árabe con musulman con fundamentalista con extremista con terrorista, términos todos -- de nuevo -- no necesariamente sinónimos. No caben dudas de que el Islam y todo su bagaje cultural son acreedores válidos de lo que por derecho denominan su tierra. Es un cultura profundísima y riquísima y de verdad, como católico fiel, recomiendo su estudio. La apertura de la mente a maneras auténticamente diferentes de pensar y concebir la sociedad es un resultado palbable. En resumida cuenta, volvería a llevar una vez y la siguiente el mencionado curso.


De la cosa introductoria a la filosofía política recuerdo, pues, poco. Esto se explica porque en un reducido margen de 16 semanas se debió dar cobertura a más de una decena de siglos de filosofía política, tarea realizable a nivel de pregrado si bien la profundización no deviene adecuada. A diferencia de los cursos de historia, los de filosofía requieren devoción y perseverancia si se desea trascender el nivel de pincelada. Se requiere estudio, consulta amplia de hipertextos, investigación, conclusiones y repetición del ciclo. En temas de filosofía, para alcanzar el nivel básico se requiere profundización y tiempo. Esta es mi percepción, y como la profundización y la paciencia nunca fueron virtudes que ejerciera en mi época de universitario, muy a mi pesar, de allí que mi nivel de conocimiento de la cosa filosófica es probablemente el mismo que al incio de dicho curso hace ya varios años.


Ciertamente no considero tener un nivel que valiera la pena denominar aceptable dada mi experiencia estudiantil. Desafortunadamente, habría requerido perseverancia y paciencia y estas no han sido nunca mis mejores virtudes. Humildad también me hizo falta, para reconocer que habrían valido los esfuerzos por trasnochar unas cuantas noches adicionales y haber así desatado esa sensibilidad por la cosa filosófica e histórica que sé que allí tengo, sólo que adormilada. O de cómo a través de estas breves notas me doy cuenta lo mucho que me hace falta para un verdadero despertar.

6/11/2009

Guilty pleasures

La locura de los cierres fiscales -- sean mensuales, trimestrales o anuales -- si bien me ponen muy estresado, a la vez me permiten liberar bastante adrenalina, que mucho me hace falta. En este sentido, como analista financiero-contable, he de confesar que los cierres es lo que más disfruto de mi trabajo actual.


Esto es mucho decir. Estoy hablando que es el primer rubro de mi actividad profesional que logro identificar como placentero. Aunque pensándolo bien, a lo mejor "placentero" no es el adjetivo más adecuado, pero sí le calza al asunto. Dicho de otro modo: si me preguntan qué es lo que más me gusta de mi trabajo, o bien, si hay algo de mi trabajo que hago con gusto y motivación, debería decir que son los cierres.


"Call me crazy", pero así es. Hay personas que con gusto y motivación diseccionan cadáveres para determinar la causa de muerte. Los contadores hacemos lo mismo, pero con estados financieros. No lo hacemos porque sentimos placer en ver al muerto, sino porque nos motiva saber qué ocurrió, por qué, cuándo, a causa de quién. A partir de esto, determinamos las acciones correctivas y contribuimos al desempeño saludable y favorable de nuestros patronos y clientes.


Un poco "ñoño", ¿no? A lo mejor. El punto es: hay algo de todo lo que yo hago que verdaderamente disfruto. En la profesión de las Finanzas, estamos hablando de algo bien difícil.