6 ene. 2010

Irracionalidad racional aplicada al terrorismo

Por favor revisar este vínculo. El autor pelotea un tema interesante acerca de la irracionalidad racional, o de cómo el ciudadano común prefiere creer en aquellas creencias que le faciliten su existencia, aunque que dichas creencias sean irracionales.


Lo anterior lo aplica el autor al tema de la lucha contra el terrorismo. Los americanos prefieren creer que el sistema de seguridad en el territorio nacional y lucha contra el terrorismo funciona. Pero lo cierto es que esto no es verdad. Obama tendría dos opciones: a) decirle al público que el sistema funciona, i.e. esconderle el hecho de que no funciona para sostenerle al público su irracionalidad racional y no tener pérdida política, y saliéndose por la tangente modificando a poquitos las políticas de seguridad para que funcionen... en serio; b) decirle al público abiertamente que el sistema no funciona bien y que lo va a modificar.


Supongo que la generalidad de asesores se decantarían por la opción a). Pero Obama parece que se inclina por la b).

4 ene. 2010

Sobre el inconveniente derecho al berreo

Don Pepe nos dejó muchos legados muy buenos, pero nos dejó uno de los peores: el Derecho al Berreo.

Existe en nuestro país una confusión amplísima y profunda entorno al derecho de la libre expresión de ideas y las garantías individuales y sociales por un lado, y el derecho al berreo o queja por el otro. De manera tal que hemos convertido nuestras quejas en reclamos por derechos inmerecidos o inexistentes.

En virtud de nuestro derecho a la queja, nos quejamos de tener la primera autopista de clase mundial. Confundimos el derecho a la libertad de tránsito con otro inexistente derecho de viajar gratis por autopistas de peaje. Reclamamos muchísimo y por muchos años de la carencia de una autopista que comunicara nuestro principal puerto en el Pacífico con la ciudad capital. Pero en Tiquicia, el derecho al berreo concede además el espacio para reclamar circulación gratis por la autovía mencionada una vez que esta finalmente se construyó, ya que en este país el ciudadano de a pie se cree con derecho a todo.

En virtud de nuestro derecho al berreo, conquistamos el derecho al voto, a tener representantes electos popularmente, quienes con miles de horas de trabajo lograron ponerse de acuerdo para instituir la figura de la Defensoría de los Habitantes. Sin embargo, ese mismo derecho al berreo nos permite trascender la simple expresión de nuestros criterios en verdaderos reclamos de derechos inexistentes. Por ejemplo, el derecho de que 'el pueblo' mismo debería ser el elector del defensor de los habitantes, invalidando de paso la potestad investida por el mencionado 'pueblo' sobre los legisladores para que estos se pongan de acuerdo y elijan el ocupante que consideren mejor. Mención aparte para la amplia y profunda confusión que impera sobre las verdaderas potestades del órgano legislativo.

En virtud de nuestro derecho al berreo, trascendió hasta las más altas esferas de los tomadores de decisiones económicas la necesidad de flexibilizar el tipo de cambio, lo cual se dio. No sin antes prever que, al término de los meses subsecuentes, el mismo derecho reclamón empezó a manifestar que la divisa flotaba 'mucho' y en la dirección contraria.

Producto de la mala costumbre de reclamar por todo, hemos construido un andamio social que ha hecho del Estado costarricense un pesado mamut a cargo de tareas desde las más nobles hasta las más ínfimas, desde las más sencillas hasta las más complicadas. Porque ese mismo derecho ha transformado nuestro pensamiento al punto de hacernos creer que necesitamos de un Estado fuerte y protagónico que más que orientar nuestra vida en sociedad, interfiera directamente en ella. Y después reclamamos por eso.

Hago un llamado en este Año Nuevo a que cesemos nuestros reclamos y nos pongamos a trabajar en serio. Dejemos de pensar que tenemos derecho a todo, que estamos facultados para ganarnos todas las cosas que queramos sólo porque somos ciudadanos de esta linda tierra. Por favor, dejemos de reclamar y trabajemos para construir una sociedad verdaderamente justa.